Busquen aquello que los identifique tranquilamente

miércoles, 4 de marzo de 2015

El Mar de la calma

Camino por la playa, poco a poco, paso a paso, pensando en las cosas que me atormentan, pensando en mi alma desgarrado, sintiendo el dolor más agobiante de mi existencia, al lado de un gran azul que suena con fuerza al romperse cada ola.

Como quisiera gritar así de fuerte, liberarme de esta opresión, de este martirio, desearía poder mostrar la fuerza de mi ira y frustración como una ola quebrándose contra las rocas.

Aún así, mientras más recorro, poco a poco siento alivio, como si cada ola golpeara el muro de mis lamentos y los erosionara poco a poco dándome esa sensación de paz que he buscado por tanto tiempo.

Siento que el rugir de cada ola limpia mi dolor como si de huellas en la arena se trataran, un alivio pasajero que me otorga una luz de esperanza, pero solo una pequeña luz.

Disfruto del viento y el calor del sol, el rugir de aquel gran azul que me pide resistir, la naturaleza me da razones para estar vivo, su simple belleza es más que suficiente... pero yo no vivo en esta belleza, vivo en una jungla de cemento y asfalto, donde la contaminación y el rugir de bestias mecanizadas amenazan la paz y ensordecen mis oídos...

Como quisiera entrar en ese mar que me calma, entrar en lo más profundo de su grandeza y desaparecer para volverme uno con ello... pero debo volver, regresar a aquella jungla de hipocresía, de gigantes metálicos que contaminan y destruyen la calma, debo volver a mis grises días

Camino en dirección a mi perdición, volteando por ultima vez, para contemplar aquel mar de la calma, que aunque sea breve el instante, me dio algo que la paz que buscaba.



Escrito el 04 de Marzo de 2015 a las 21:52

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